Dolmen de Poulnabrone
El dolmen de Poulnabrone, situado en el corazón del Burren, Irlanda, es uno de los megalitos más emblemáticos del país. Su estructura de piedra caliza, perfectamente equilibrada, ha resistido milenios de viento y lluvia. Este antiguo monumento, envuelto en misterio, sigue fascinando a quienes lo visitan, recordándonos el profundo vínculo entre el hombre y la piedra.
Observen este dolmen. Durante miles de años ha permanecido en el mismo lugar, conservando su misterio y su propósito original, todavía desconocido para nosotros. Hoy en día, miles de turistas vienen a verlo con sus propios ojos. Incluso en nuestra era moderna, esta construcción sigue sorprendiendo y despertando admiración.
Imaginen cómo reaccionaban ante él las personas de la antigüedad —aquellos que no conocían las grúas ni las tecnologías de la construcción moderna—. No es de extrañar que al dolmen de Poulnabrone se le atribuyeran propiedades mágicas. Al fin y al cabo, el ser humano, especialmente en tiempos antiguos, necesitaba explicaciones para aquello que no comprendía, igual que nosotros hoy. Por eso este lugar sirvió como escenario de ceremonias y rituales sagrados.
Hoy, en mi opinión, solo vemos una parte de la estructura. La otra parte fue destruida por el paso del tiempo. Sin embargo, fragmentos que alguna vez formaron parte del dolmen todavía yacen junto a él, sobre la tierra. El último derrumbe ocurrió en 1985, debido a una grieta en la losa situada en la parte oriental del monumento.
Incluso la ciencia oficial reconoce que el dolmen de Poulnabrone en Irlanda fue construido aproximadamente entre los años 4200 y 2900 antes de Cristo. ¿Perciben el tono con el que suena eso? Una diferencia de 1300 años y la palabra “aproximadamente”… Es como si quisieran decir: “Ni siquiera sabemos con certeza cuándo se construyó esta estructura”.
El dolmen de Poulnabrone impresiona por su simplicidad y precisión. Varias losas de piedra caliza, colocadas con una sorprendente exactitud geométrica, forman una construcción que ha resistido milenios de viento y lluvia. La enorme losa superior parece flotar sobre el suelo, sostenida en equilibrio por las piedras verticales.
Los investigadores creen que el dolmen sirvió como lugar de rituales relacionados con las creencias antiguas sobre la vida y la muerte. Su ubicación sobre una meseta kárstica no es casual: desde aquí se abre una vista panorámica sobre las ondulaciones de piedra del Burren, donde el horizonte parece no tener fin.
Hoy, el dolmen de Poulnabrone en Irlanda se ha convertido en uno de los símbolos del país. Aparece con frecuencia en fotografías, postales y guías turísticas, recordándonos la profundidad de la historia y lo poco que realmente sabemos sobre quienes levantaron estos monumentos de piedra. En su silencio se siente una fuerza y un misterio que han sobrevivido a los siglos.

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