Dolmen de Viera
El Dolmen de Viera, situado en Antequera, Málaga, forma parte del conjunto megalítico declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Su estructura de corredor con cámara funeraria muestra la precisión de la arquitectura neolítica. Pese a existir una versión oficial de su historia, el verdadero momento de su construcción sigue siendo desconocido. Este monumento megalítico destaca por su orientación astronómica y por el enigma que todavía transmite a quienes lo visitan.
El dolmen de Viera puede permanecer en la sombra de la famosa Cueva de Menga, pero este monumento megalítico posee un interés singular. Su entrada recuerda a un antiguo túmulo que se eleva sobre el paisaje. Bajo este montículo se extiende un largo pasillo que conduce a una cámara funeraria construida con enormes losas de piedra, ensambladas sin el uso de mortero. El dolmen de Viera es un ejemplo claro de la arquitectura megalítica de tipo corredor.
El dolmen se encuentra en Antequera, provincia de Málaga, Andalucía, y forma parte del conjunto arqueológico conocido como los Dólmenes de Antequera. Este conjunto, que también incluye el Dolmen de Menga y el Dolmen del Romeral, fue declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2016 y está reconocido como Bien de Interés Cultural en España.
Desde el punto de vista arquitectónico, el dolmen de Viera sigue el modelo clásico de los dólmenes de corredor, característico de la tradición atlántica. Su galería alcanza unos veintiún metros de longitud y conduce a una pequeña cámara cuadrada de aproximadamente dos metros de altura. La entrada está tallada en una gran losa de piedra, mientras que las paredes y el techo están formados por ortostatos y losas horizontales. Toda la construcción está cubierta por un túmulo de tierra de casi cincuenta metros de diámetro.
Se estima que el dolmen de Viera fue erigido en el Neolítico, entre los años 3510 y 3020 a. C. Más tarde, durante la Edad del Bronce, continuó utilizándose, depositando restos humanos y objetos rituales en su interior. Como muchos dólmenes, su función principal fue funeraria, aunque el verdadero significado del dolmen de Viera para las comunidades que lo construyeron sigue siendo objeto de debate.
La historia del dolmen comenzó en 1903, cuando fue descubierto por los hermanos Antonio y José Viera Fuentes. En un primer momento se conocía como la “Cueva Chica”. A mediados del siglo XX se llevaron a cabo labores de limpieza y restauración parcial, y hasta hoy continúan las investigaciones arqueológicas que aportan nuevos datos sobre su uso y cronología.
Uno de los aspectos más fascinantes del dolmen de Viera es su orientación astronómica. A diferencia del cercano dolmen de Menga, que se alinea con la Peña de los Enamorados, el Viera está orientado hacia el este. En los días de equinoccio, la luz del sol recorre el pasillo e ilumina la cámara interior, un detalle que probablemente tuvo un profundo valor simbólico y ritual.
Aunque es más pequeño que el dolmen de Menga, el dolmen de Viera destaca por la precisión y el cuidado en su construcción. En las losas del pasillo se observan cazoletas talladas, un motivo típico del arte megalítico. En el interior aún se conservan restos de pigmentos rojos en las paredes, indicio de prácticas rituales ligadas al color.
Ubicado a tan solo setenta metros del dolmen de Menga, el dolmen de Viera forma parte de una necrópolis única junto con Menga y el dolmen del Romeral. Algunos investigadores sugieren que pudo funcionar como sepultura secundaria o con un uso especial reservado a determinados grupos de la comunidad.
Hoy en día, el dolmen de Viera sigue guardando sus secretos y continúa siendo uno de los monumentos clave del Neolítico andaluz, transmitiendo a las generaciones futuras la memoria de una cultura megalítica llena de misterio.

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