Pirámide de Kefrén
La pirámide de Kefrén en Egipto destaca por su imponente altura y la conservación de parte de su revestimiento original. El interior guarda pasajes misteriosos que atraen a visitantes y estudiosos. Sus características arquitectónicas la convierten en un ejemplo fascinante de la grandeza faraónica. Además, las curiosidades de la pirámide de Kefrén siguen despertando preguntas sobre su construcción y propósito.
En la meseta de Guiza, a pocos kilómetros de El Cairo, se alza la segunda pirámide más grande de Egipto: la pirámide de Jafra. Aunque es ligeramente más baja que la Gran Pirámide de Keops, su silueta causa una impresión más imponente gracias a su ubicación ventajosa en una elevación y al revestimiento aún conservado en la cima. La altura original de la estructura era de unos 144 metros y la base se acerca a un cuadrado con lados de 215 metros. Esta pirámide suele convertirse en el principal objeto de fotografías de la meseta de Guiza y se considera la más armoniosa en proporciones.
Los historiadores atribuyen la construcción de la pirámide a mediados del tercer milenio antes de Cristo, relacionándola con el nombre del faraón Jafra, hijo de Keops. Según los egiptólogos, la estructura fue erigida como tumba real e incluía un complejo de templos y caminos que unían la pirámide con el valle del Nilo. Las estancias interiores son relativamente simples: dos corredores descendentes y varias cámaras, entre ellas la más conocida, la llamada cámara del rey con un sarcófago de granito. El cuerpo del faraón no fue hallado en la pirámide, lo que se explica por saqueos en la antigüedad. En el siglo XIX se descubrieron aquí estatuas de Jafra hechas de diorita, lo que reforzó la asociación tradicional del monumento con este gobernante.
Los partidarios de visiones no tradicionales consideran la pirámide de Jafra no como una tumba, sino como una construcción técnica. Algunos ven en ella restos de una civilización altamente desarrollada, capaz de trabajar el granito y desplazar bloques de muchas toneladas con una precisión inalcanzable para la época calcolítica. Otros sugieren que la pirámide funcionaba como un centro de energía que concentraba las fuerzas naturales de la Tierra. Señalan la presencia de rastros de sal marina en su interior, vinculándolos con catástrofes o inundaciones antiguas, así como con elementos constructivos complejos que, en su opinión, resultan excesivos para una simple tumba.
Algunos investigadores del siglo XX, incluidos físicos, intentaron abordar el misterio de la pirámide desde un punto de vista científico. En la década de 1960 se realizaron escaneos con partículas cósmicas que no revelaron grandes cavidades ocultas, pero confirmaron la alta densidad y precisión de la mampostería. Autores independientes modernos consideran la pirámide como un dispositivo de concentración de ondas electromagnéticas o de infrasonido. Según estas versiones, la forma de la estructura y las dimensiones de las cámaras producían efectos de resonancia, y los elementos de granito podían haber actuado como conductores o resonadores de energía.
En el interior de la pirámide se conserva un sarcófago de granito incrustado en el suelo de la cámara. Su tapa está dispuesta de tal manera que resulta prácticamente imposible abrirla sin destruir la construcción. Esto dio lugar a teorías sobre un complejo propósito técnico del sarcófago. Durante las excavaciones del siglo XIX, los investigadores hallaron restos de resina y huellas de procesamiento mecánico de la piedra, semejantes al trabajo con sierras de disco. Los bloques de revestimiento de piedra caliza blanca aún presentes en la cima muestran una extraordinaria precisión en el ajuste. La forma exterior de la pirámide está alineada con desviaciones mínimas respecto al eje norte–sur, lo que indica un profundo conocimiento de la geometría. Tecnologías modernas como la tomografía de muones todavía no han revelado nuevas cámaras en su interior, pero las investigaciones continúan.
La pirámide de Jafra sigue siendo un enigma que combina la belleza de las proporciones con el misterio de su propósito. Para algunos es la tumba de un faraón, para otros un símbolo de una civilización avanzada desaparecida o la evidencia de antiguos experimentos de ingeniería. A pesar de siglos de estudio, sus secretos no han sido revelados por completo. Y es precisamente esto lo que convierte a la pirámide de Jafra en uno de los monumentos más enigmáticos de la humanidad, atrayendo la atención de científicos, viajeros y soñadores de todo el mundo.

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