Piramide del Sol Teotihuacan
La piramide del sol Teotihuacan es la estructura más imponente del antiguo complejo arqueológico mexicano. Su altura sorprende y ofrece vistas que dominan todo el valle. Este monumento mantiene un estado de conservación notable, atrayendo a viajeros de todo el mundo. Su origen y función siguen siendo un enigma que envuelve al lugar con un aire de misterio.
En el corazón del antiguo Teotihuacán, a cuarenta kilómetros al noreste de Ciudad de México, se alza la majestuosa Pirámide del Sol, una de las construcciones más monumentales de Mesoamérica. Su altura alcanza los 64 metros y su base es casi comparable a la de la pirámide de Keops en Egipto. Este grandioso complejo ceremonial, situado en la Calzada de los Muertos entre la Pirámide de la Luna y la Ciudadela, se convirtió en símbolo de la ciudad y aún hoy impresiona por su escala y armonía arquitectónica.
Los historiadores creen que la Pirámide del Sol fue levantada alrededor del año 200 d. C., en la época de máximo esplendor de Teotihuacán. Fue construida con tierra, arcilla y pequeños fragmentos de piedra, mientras que sus muros exteriores estaban recubiertos de estuco de cal y decorados con vivos murales, de los cuales solo se conservan fragmentos que muestran jaguares y serpientes. La obra se realizó en dos etapas y, según los cálculos, requirió millones de horas de trabajo humano.
La pirámide no era solo un objeto arquitectónico, sino también el centro de la vida religiosa. En sus cimientos, los arqueólogos hallaron numerosas ofrendas: cuchillos de obsidiana, figurillas, conchas marinas, huesos de animales e incluso entierros infantiles. Estos sacrificios probablemente se dedicaban al dios de la lluvia Tláloc y tenían como fin consagrar el templo. Los aztecas, que llegaron siglos después, dieron al edificio su nombre actual y lo vincularon con los mitos de la creación del mundo, donde los dioses se reunieron en Teotihuacán para encender el nuevo sol.
Para los esotéricos y defensores de civilizaciones ancestrales, la Pirámide del Sol no es solo un templo, sino también un instrumento astronómico. Su eje está orientado hacia las fechas 12 de agosto y 29 de abril, que coinciden con ciclos importantes del calendario maya. Su ubicación en el paisaje parece intencionada: vista desde la Pirámide de la Luna, repite el perfil del cerro Patlachique. Debajo de la pirámide, a seis metros de profundidad, se encuentra un túnel artificial con cámaras, interpretado por muchos como una entrada al inframundo o el lugar de origen de la humanidad. Según una versión, allí se hallaba el legendario Chicomoztoc, la cueva de donde surgieron los antepasados de todos los hombres.
Algunos arqueólogos ven en la pirámide ecos de las ideas cosmogónicas de la “Montaña del Sustento”, un monte sagrado con depósitos donde se guardaban semillas y alimentos para los hombres. Los huesos de peces y los restos de canales de agua encontrados bajo la pirámide han dado lugar a la hipótesis de que estaba vinculada a cultos de agua y fertilidad. Otros sostienen que el edificio se utilizaba en ceremonias de entronización y en rituales del Fuego Nuevo, que renovaban el ciclo cósmico y confirmaban la autoridad de Teotihuacán sobre las tierras vecinas.
La Pirámide del Sol conserva huellas de numerosos rituales. Se han descubierto unas treinta ofrendas, que incluyen vasijas de cerámica, figurillas de obsidiana y jade, máscaras y espejos de pirita. Destacan especialmente los entierros infantiles, que confirman los sacrificios rituales. En los siglos XX y XXI, los arqueólogos hallaron escondites con objetos únicos: figurillas de jade, recipientes cerámicos, restos de jaguares, águilas y serpientes, así como grandes discos de pirita.
Las investigaciones modernas demostraron que el túnel bajo la pirámide fue excavado por el hombre y pudo haber servido como tumba real o centro ceremonial. Pese a los saqueos antiguos, los hallazgos conservados revelan un alto grado de organización y simbolismo en la cultura teotihuacana.
La Pirámide del Sol en Teotihuacán no es solo una maravilla arquitectónica, sino también una clave para comprender la cosmovisión de los antiguos habitantes de Mesoamérica. Reúne mitos de creación, rituales, conocimientos astronómicos y maestría ingenieril. Sus enigmas aún no han sido resueltos, pero precisamente ese misterio la convierte en uno de los monumentos más fascinantes de la antigüedad.

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