Templo de la Esfinge
El Templo de la Esfinge, situado en la meseta de Guiza junto a las Grandes Pirámides, conserva un muro megalítico único construido con enormes bloques de granito rosado. Sus piedras encajan con una precisión extraordinaria, sin mortero y con un ajuste que desafía las técnicas tradicionales. Este nivel de maestría sugiere un conocimiento avanzado en el trabajo de materiales extremadamente duros. Su origen y método de construcción continúan envueltos en misterio, invitando a nuevas investigaciones.
En esta publicación quiero mostrarte la mampostería megalítica poligonal del muro del Templo de la Esfinge. Se encuentra en la meseta de Guiza, justo al lado de las Grandes Pirámides y de la Gran Esfinge, y representa un fragmento de una construcción antigua que se ha conservado de manera sorprendente hasta nuestros días.
El muro está formado por bloques masivos de granito rosado, uno de los materiales naturales más duros, comparable en resistencia al acero. Trabajar una piedra así con herramientas de cobre es imposible: el cobre se desgastaría por completo, dejando solo arañazos superficiales. Por eso descarto por completo la idea de que este templo pudiera haberse construido con herramientas primitivas.
Si se observa de cerca, se ve que los enormes bloques encajan entre sí con una precisión casi perfecta: en algunas juntas no se podría introducir ni una aguja, y no existe ningún tipo de mortero. ¿Cómo fue posible lograr un trabajo así en la antiguedad? La pregunta resulta aún más sorprendente si recordamos que algunos de estos bloques pesan cientos de toneladas.
Otro detalle fascinante es la unión en la esquina del muro, visible en la fotografía. Aquí, las piedras de un mismo nivel literalmente “se doblan” alrededor del ángulo, siguiendo la línea de la mampostería y encajando con los bloques contiguos. Desde una perspectiva moderna, dar a las piedras esta forma requiere un esfuerzo inmenso. Intentar hacerlo manualmente con herramientas de cobre sería completamente irreal. Sin embargo, los constructores antiguos lo hicieron, como si tal precisión y complejidad no representaran ninguna dificultad.
Esto da lugar a varias hipótesis. Tal vez trabajaban con un material aún blando, que podía moldearse como una sustancia plástica. O quizás utilizaron tecnologías de corte comparables a los instrumentos modernos de alta precisión, capaces de retirar capas de piedra y crear esquinas “envueltas” perfectamente ajustadas. Todo ello sigue siendo especulativo: no sabemos qué tecnología se empleó realmente.
Independientemente de lo que digan los egiptólogos, la ciencia oficial o los investigadores tradicionales, el hecho es innegable: la verdadera tecnología constructiva de estos muros sigue siendo desconocida. Solo podemos analizar, comparar y formular nuestras propias versiones. Pero para mí una cosa está clara: realizar un trabajo así con herramientas de cobre habría sido absolutamente imposible.

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